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Aprender a aceptar para estar en paz y avanzar

No conformarse, solo…

Por María Laura García 

"A lo que resistes, persiste. Lo que aceptas, te transforma"- Carl Gustav Jung.

En estos días en los que muchos pudiéramos estar enfrentando situaciones problemáticas a las que no les vemos solución en lo inmediato o pudiéramos estar desbordados de responsabilidades que no podemos cumplir, la frustración y la desazón pudieran estar ganándonos la partida.

Sentimientos que seguro se exacerbarán bajo la premisa muy difundida por coachees y aquellos que nos abruman con su positividad tóxica, “que todo se puede y que todo tiene una solución”, cuando la realidad, a veces, no están bonita, por ello, es más saludable asumir y aceptar que como seres humanos somos finitos y que ciertamente habrán cosas que no lograremos por diversas circunstancias que no manejamos o manejaremos, no por falta de voluntad, de ganas o de recursos, sino porque es imposible tener el control de todo y porque no somos super hombres, somo simples mortales. Es más, no tenemos nada y no controlamos nada.

¡Ahhh! que estadísticamente haya probabilidades, si ponemos TODO de nuestra parte, de alcanzar lo que esperamos, pues sí, pero también debemos estar preparados para manejar la frustración de un NO o una pérdida.

En estos días he estado abrumada con miles de responsabilidades y he tendido que admitir que NO puedo con todo, aunque quiera, porque lo primero que es limitado es el tiempo y luego la energía. Por consiguiente, he tenido que aceptar con humildad que no puedo hacerlo todo. ¿Por qué he logrado no sentirme mal? Porque reconozco que lo he dado todo, aunque no haya sido posible.

Ahora bien, ¿Estás o estamos preparado para el fracaso? Creo que no mucho. ¿Estás preparado además para aceptar aquello que sucede y no es de tu agrado? ¿Estás dispuesto a aceptar el constante cambiar de la vida?

Todo es pasajero y no todo se puede tener…

Siempre una decisión implica: ganar unas cosas y perder otras. Duro, pero NO hay excepciones en esta regla de la vida. Si estás vivo, todo tiene un principio y un final, las cosas materiales y nosotros mismos, nuestros familiares, nuestros amigos, hijos, pareja… estamos en una vida por un determinado momento, unos muy largos, otros intermedios y otros muy cortos. Y esos trayectos pueden estar llenos de buenas y malas experiencias porque la vida se encuentra constantemente en cambio y nosotros también.

Es común decirnos a nosotros mismos que algunos acontecimientos por ser tan malos no deberían suceder, pero la realidad es que ocurren, por tanto, si no se pueden cambiar hay que aceptarlos. Sin embargo, la clave para estar en paz con nosotros es poder diferenciar y saber aquello que se puede cambiar y lo que NO.

Debemos estar muy atentos a esa costumbre que nos han inculcado, por diversos medios los gurús del AUTOAYUDA, de recurrir al optimismo exagerado y obligarnos creer cosas como “en esta vida todo me va a salir bien…, en esta vida todo me ocurre para bien…”. Este exceso de positivismo no es realista, porque en la vida seguro que a todos en algún momento nos van a pasar cosas malas que no vamos a poder cambiar y que tendremos que acabar aceptando lo que, CUIDADO, no significa conformarse o quedarnos sumergidos en la miseria emocional.

Tenemos que promover, por consiguiente, el optimismo realista, el de los pies en el suelo, es decir, entender que “en el peor de los casos, podemos encontrar alguna manera de hacer cosas valiosas en nuestra vida por nosotros y por los demás, porque sólo necesitamos estar vivos para ser felices”.

Si analizamos un poco, nos daremos cuenta incluso, que la mayor causa de nuestro sufrimiento son nuestras relaciones con los demás, porque a los otros les exigimos ser lo que no son, les presionamos para intentar que cambien y se comporten como esperamos. Nuestra infelicidad está supeditada a nuestra NECESIDAD DE CONTROL de todo y sobre todos. A los que nos rodean, en nombre del AMOR les decimos lo "que tienen que hacer", especialmente con aquellas personas, cuya forma de pensar y reaccionar no coincide con nuestras expectativas.

¿Por qué seguimos dándole vueltas a aquello que escapa a nuestro control?

La aceptación, al contrario de lo que pueda pensarse, no tiene por qué representar renuncia, abandono o resignación, puede expresar fortaleza personal: la flexibilidad y capacidad de adaptarnos a una realidad que no podemos controlar a nuestro antojo.

La aceptación es una herramienta indispensable para nuestro desarrollo personal y crecimiento emocional. Aceptar la realidad, aquello que no podemos cambiar, no es una actitud estática, es una decisión activa, que implica tener inteligencia espiritual. Decidir adaptarse a las circunstancias adversas, en lugar de quejarnos o regodearnos en la frustración, el enfado o la rumiación es de seres inteligentes y evolucionados. Lo mejor de todo es que, adaptarnos a la realidad mejora nuestro bienestar emocional. Cuando aceptamos la adversidad, aprendemos de ella y también de nosotros, descubrimos nuestros recursos, los mejoramos, nos transformamos, en definitiva, nos hacemos personas más resilientes con una mayor capacidad de autorregulación emocional.

En síntesis…

Es vital reconocer cuando debemos rendirnos y aceptar, para seguir adelante sin paralizarnos, es decir, ganando en herramientas que nos darán resistencia ante la vida y sus circunstancias.

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