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¿Cómo dejar la queja y sanar tu mente?

El efecto nocivo de la queja…

Por María Laura García

¿Quieres algo? Entonces ve, y haz que pase, porque la única cosa que cae del cielo es la lluvia.

Me encontré esta reflexión, hace rato, ya no se ni cuándo, y la guardé. Y ayer en la noche borrando material, porque mi teléfono colapsó, la vi y me dije: la voy a compartir.

¿Por qué? Porque me recuerda a esa gente que vive en la queja, diciendo “no tengo esto o lo otro, que poca suerte tengo”, “me falta esto o lo otro ¡Que injusto!”, o “Quiero esto y cuando lo tenga mi vida cambiará”, o “cuando suceda tal cosa podré hacer aquello o seré feliz”, es decir, que viven en el puro hablar, hablar y nunca accionan. A estos seres yo los llamo: “CAMIÓN DE COCHINOS”.

¿Saben qué? De esta manera fungen como los responsables que en sus vidas NO SUCEDA NADA NUEVO, NI BUENO. Sintetizando, aunque estemos apenas comenzando el artículo, concluyo: SE CONVIERTEN EN SUS PRINCIPALES SABOTEADORES.

¿Eres uno de ellos? ¿Conoces a alguien así? Mándale este escrito, a ver si entienden que hay que actuar y sacar TODO de la mochila. “Qué debemos hacer más y hablar menos”. “Que debemos exprimir hasta lo último la vida, sacarle todo el jugo.

“Actúa, acciona, SE EL PROTAGONISTA DE TU VIDA”. (#MaríaLauraGarcía)

¿Te quejas para desahogarte o es tu estilo de vida?

Quejarse, con uno mismo y/o con los demás, se ha vuelto una moda, se ha convertido en una forma de comunicación en sí misma y lamentablemente, en una forma o estilo muy común de relacionarnos con los demás. Se ha vuelto incluso en el único tema de conversación de muchos ¡Uff!.

De hecho, pienso, que aquellos que viven en eso, son seres ávidos de atención y que la piden a gritos a través de este tipo de mensajes. Buscan además que se les valide y se les dé la razón. Además, a veces, los que les rodeamos nos prestamos inconscientemente al mal juego.

A todos, nos puede pasar, yo casi todas las mañanas, por ejemplo, cuando tengo que madrugar para trabajar como un burro, suelo rezongar fuertemente sobre mi incómodo destino de laboriosa hormiga, pero, sin embargo, tras hacer ejercicios, bañarme, tomarme mi café y, después de haberme montado en el tren de mis hábitos diarios, el lamento queda atrás, arrinconado y sin efecto. De esa manera es que deberían funcionar sanamente las cosas.

El problema no es la queja en sí, el meollo está en que no deje de ser una mera reacción verbal o emocional producto de un mal momento, y hasta allí, para pasar a ser un estado compulsivo y permanente.

Cuidado, no se trata de no quejarte si te cortas afeitándote; o quejarte si te abandonan porque es natural que duela, el asunto es no quejarte todo el tiempo y por todo, es decir, lo negativo es vivir sumidos en las quejas.

Esto lo leí: “La diferencia entre las ratas y los seres humanos es que la mayoría de estos últimos seguirán en un túnel en el que no hay queso. (Del libro: “Quién se ha llevado mi queso” de Spencer Johnson), es decir, no pasan la página rápido.

¿Cómo actuar ante los quejones y las quejas propias?

Sólo se me ocurren dos formas: intentar racionalizar continuamente lo que nos sucede para encontrarle sentido a nuestros problemas y aceptar que la vida puede ser dura a veces, pero que eso no debe frenarnos de seguir con el plan que nos hemos trazado y siempre dando el próximo paso que has previsto.

Otro pensamiento, de Lou Holz, que me parece poderoso es: “Nunca cuentes tus problemas porque al 20% no le importa y el 80% se alegra de que los tengas”.

Lastimosamente, es cada vez más común, al menos yo lo percibo así, ver a personas insatisfechas que analizan y vuelven a analizar sus problemas, y los convierten en el único tema de conversación, a lo cual denominaría “rumiación social”.

Son muchos los que diariamente esperan que la felicidad “llegue a sus vidas” y acabe con la imperfección de su día a día, porque hace tiempo que dejaron de cantar esperando las ganas de cantar, es decir, no accionan, dejaron que las quejas los paralizara o les ganara la batalla.

Insisto, quejarse no es tan negativo, si no se vuelve tu excusa para abandonar la ruta o dejar de moverte. El problema real se produce cuando la queja se convierte en tu estilo de vida y la forma a través de la cual te relacionas con los demás. Las personas se acostumbrarán a ello y cuando les hables no te prestarán verdadera atención, pero tampoco te dirán nada por cortesía.

¿Cómo evitar el yugo del negativismo?

Haz planes, hazlos siempre y da pasos pequeños pero continuos para lograr tus metas. Mantente activo y no abras tus labios salvo para hacer propuestas. ¿Mi lema? Te sientas como te sientas, pienses lo que pienses, haz lo que debes y tienes previsto.

Importante…

Comunícate es positivo, pero también es sensato, que tengas muy claro, cuando la queja es válida y cuando se convierte en un problema para ti y los demás:

Hay quejas funcionales o justificadas, que nos ayudan recibir apoyo cuando es necesario, y a identificar aquello que no está bien para buscar soluciones, es decir, accionar.

Por otra parte, están las quejas disfuncionales, que nos cargan de energía negativa, nos alejan de la búsqueda de soluciones y producen malestar más estrés en nosotros y en los otros.

¿Por qué nos quejamos?

Los que se quejan, lo hacen porque eso fue lo que aprendieron y no han asumido el daño que eso genera y, por tanto, lo siguen haciendo naturalmente a diario, es decir, es un hábito. No conocen otra forma de relacionarse o no tienen otro tema de conversación.

Otra razón, que puede resultar peor, porque tienen tendencia a ser pesimistas o se enfocan solo en lo malo. Ufff, esto si de verdad es complicado de mejorar.

También podría ser que eres perfeccionista y exigente, pero esto te puede perjudicarte de manera importante, por consiguiente debes buscar la manera de relajarte, de lo contrario siempre estarás frustrado y estarás quejándote.

Otra razón de la queja es la falta de empatía o lo que es lo mismo, la ausencia de capacidad de ponerse uno en el lugar de otros y cuando eso es así, te quejarás de todo y de todos.

Y, por último, muchos se quejan porque se contagian de otros., lastimosamente, la queja puede ser muy contagiosa

Consecuencias de la queja…

Estas favorecen un estado de ánimo negativo y crean un mal ambiente para nuestros amigos, compañeros, pareja, conocidos o familiares. Todos ellos, tarde o temprano se cansarán de ti y tendrán pocas ganas de verte.

Quejarte te producirá estrés a ti y a los que te rodean. Además, que dañaras tu salud.

Mientras más te quejas menos actúas. En definitiva, te daña a ti y a los demás. Puedes convertirte en una persona “tóxica”.

¿Cómo dejar de hacerlo?

  • Aprende a comunicarte de otra manera, sin expresar solo lo negativo y trata de
    concéntrate en lo bueno.
  • Busca subir tu ánimo de distintas maneras todos los días. Mantente haciendo
    mil cosas, de tal forma que no te dé tiempo a quejarte.
  • Expresa lo que no te hace sentir bien, pero trata de no quejarte
    constantemente.
  • Transforma las quejas en soluciones.
  • Cada vez que te quejes, identifica que lo haces, y para la comunicación lo más
    rápido que puedas.
  • Ponte en la muñeca una goma o hilo de color que te recuerde que no debes
    quejarte.
  • Entrena, como si se tratara de prepararte para un maratón, tu mirada positiva.

Espero que todo lo que te dije hoy te resulte útil para tu bienestar mental.

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